miércoles, enero 31, 2007

Alberto Navarro, Secretario de Estado para la Unión Europea presentó -en el marco del Forum Europa- el pasado día 26 de enero los principales argumentos y objetivos de la cumbre que se celebró en Madrid - durante ese fin de semana- para dar un impulso político a la Constitución europea, hoy en franco retroceso después que el referéndum francés con su "no" echara por tierra nuestras vocaciones europeístas.

Cabe decir que es este un esfuerzo loable teniendo en cuenta el extraño paisaje que desdibuja el mapa político de la constitución europea. Por una parte – y para sorpresa de no pocos- la Unión Europea de dos velocidades ha dejado su poco cadencioso ritmo y, bajo un cierto paraguas armónico en el crecimiento económico, se ha configurado por otra parte, una nueva y fuerte presidencia de turno europea: la de la canciller Ángela Merkel.
Con este contexto es fácil comprender porque muchos ven este momento como propicio para reabrir un debate y “exigir” a los países que no aprobaron el referéndum una alternativa, tal como señaló Alberto Navarro. Con esta estrategia, se pretende empezar una nueva etapa de acción frente a la reflexión anodina y negativa que se parecía mucho al euroescepticismo que manejaban algunos de los que hoy, afortunadamente, se consideran europeístas hasta la médula.
Llamativo es el acercamiento que las autoridades de la Unión Europea quieren realizar a los ciudadanos. Llamativo por lo tarde que se realiza. Lo vertiginoso del proceso europeo con la introducción del euro, un mercado único de 300 millones de ciudadanos, la presencia de soldados europeos en misiones de paz, la incorporación constante de estados miembros, han producido, que duda cabe, un desasosiego que se manifiesta en un sentido de “perdida” de la construcción europea. Y de la pertenencia a Europa. Y es ahora, cuando ya se ha consolidado la atmósfera del desasosiego cuando empiezan a levantarse voces para enderezar el desaguisado. Afortunadamente, nadie puede dudar de la vocación europeísta de la presidencia con el valor añadido que supone su dilatada experiencia histórica en lo que uniones políticas se refiere. Hay que agregar a ello, el decidido impulso de Angela Merkel constatado en sus recientes declaraciones indicando que el momento de la reflexión ya había llegado a su fin y que era el momento de la acción. Y también el momento de invertir las percepciones: las políticas europeas marchan bien y desde luego pueden funcionar mejor con las herramientas que se dotan a sí mismos los 27 miembros. Las recientes ampliaciones de Rumania y Bulgaria son una muestra de ello: no sólo amplían el mercado sino que crecen por encima de la media comunitaria. Y aunque es difícil mantener la unanimidad con 27 estados miembros si parece que en estos momentos es necesario que se eleve una voz única para que salga adelante la declaración de Berlín y se pueda salir del actual atolladero.
Hoy por hoy, 4/5 partes de la constitución europea ya están en aplicación con un 80-85% de las leyes que ya forman parte de un entramado político cuyo cuerpo está reconocido como la estructura legal que sienta jurisprudencia en el ámbito comunitario. Así surge una fecha-calendario: julio del 2008 para ratificar un texto en el 2009, tal y como son los deseos de Alemania. Y, al parecer, 2/3 de los estados miembros apoyan esta iniciativa. Los caminos para ello varían, y mucho. Los países que- como España- ya han aprobado el texto se verán obligados a consultar el nuevo texto y establecer nuevos mecanismos de refrendo. Otros deberán establecer una hoja de ruta y una conferencia intergubernamental que les permita actuar de manera coordinada y conjunta evitando los errores del pasado. Y desde luego, ha quedado patente que la postura liderada por el francés Sarkozy de establecer sólo reformas institucionales y no políticas parece inaceptable en la construcción de la Constitución europea.

sábado, enero 20, 2007

Sim Kallas, Vicepresidente de la Comisión Europea y Comisario encargado de los asuntos administrativos, la lucha contra el fraude y auditoria, presentó una serie de ideas en el marco del Forum Europa el pasado dia 18 de enero en el Hotel Ritz de Madrid.

Pocas veces se ha utilizado tanto una misma palabra en un discurso como este. “Libertad” acompañó a “libre circulación de personas”, a “mercado” y estuvo implícitamente asociada a crecimiento económico, prosperidad y garantías en su más amplio contexto, es decir el de la Unión Europea. No es de extrañar, por lo tanto, que este antiguo Primer Ministro de Estonia haya podido sintetizar en solo 45 minutos una visión que caracteriza a muchos de los países pertenecientes al “ex - campo” socialista como los bautizó el hoy convaleciente Fidel Castro.

Un análisis que merecía encuadrarse en el discurso de la Europa de las emociones y de los sentidos. Emociones, porque como bien determinó Luis Arguello (Secretario General de British Telecom en España) era imposible pensar hace solo unos años que un antiguo Primer Ministro estonio se dirigiera a un Foro en España como representante de la Unión Europea. Y que los españoles, al igual que los estonios, fueran compañeros de viaje en la construcción de las reglas que formarán la Unión Europea.

Los diferentes aspectos que analizó Kallas fueron ligeramente tamizados por la diferente “sensibilidad” que afecta a los países del Norte frente a los de Sur. De ahí que la migración, para Kallas, es entendida de manera muy diferente por los países del Norte, cuya sensibilidad no se ve alterada por el fenómeno en su magnitud. Sensibilidad que si se ve alterada cuando se ponen barreras a la libre circulación de ciudadanos de la Unión Europea, especialmente a aquellos de reciente integración. La estrategia de la Unión Europea debe tender a la “entrada legal” de migrantes de terceros países reforzando los controles para detener la inmigración ilegal a la vez que se fortalecen las garantías de la libre circulación de los ciudadanos miembros. Pero esta estrategia choca, como no podía ser de otra manera, con las diferentes emociones, sensibilidades e intereses de los gobiernos nacionales. De hecho, no ha sido posible establecer una política coordinada de inmigración común y, a la vista de los acontecimientos, podremos tardar todavía un tiempo para que ello se haga efectivo. Y es que junto a los diferentes intereses, sensibilidades y emociones se desata un muy distinto nivel de entusiasmo a la hora de abordar de forma sencilla lo que, en principio, parece complejo. ¿Qué existen fusiones empresariales como la de Abertis / Autoestrade? No se debe hacerla sin el consentimiento explícito de los respetivos gobiernos nacionales. ¿Significa eso que hay un excesivo intervencionismo estatal en las concentraciones empresariales europeas? Como siempre, debe estudiarse el contexto. A nadie escapa que muchas de estas compañías formaron parte, hasta no hace mucho tiempo, de conglomerados estatales y que, en cierto modo, su crecimiento y valor se desarrollan en base a la garantia que tienen de los gobiernos nacionales de turno y, en la mayoría de los casos, por las especiales condiciones con las que operan en mercados “nacionales” cuya competencia es prácticamente nula. Imagínense, por ejemplo, que pudiéramos elegir con quien “alquilar” nuestra línea de teléfono fija o, ya puestos, contratar nuestra hipoteca con los tipos de interés del Banco Central Europeo y no con los que fijan los bancos alrededor. La libertad de mercado está centrada, a estos efectos, en mantener regulaciones que favorecen determinados privilegios económicos con el argumento de la seguridad y “no probada” eficiencia económica. A este respecto, el comisario Kallas cambió su emotiva libertad de movimientos por la más pragmática “traslado de capitales” que garantizan la oleada de fusiones transfonterizas en lo que parece será el nuevo capítulo en la historia de nuestra construcción de la Unión Europea.


Será muy interesante comprobar como la Unión Europea impedirá la creación de nuevos monopolios como resultado de las previstas olas de fusión y de cooperación financiera. Las empresas, como la historia reciente lo demuestra, se han adaptado mucho mejor que las naciones al proceso de unificación pero con escasa evidencia de que sus prácticas puedan englobarse en lo que se llama “competencia leal”. Solo las fusiones realizadas a “golpe de talonario” parecen haber reforzado los lazos de la competencia leal, pero en ningún modo los de la natural tendencia monopolística. Y las desinversiones, en la práctica, solo ha supuesto el control a través de núcleos duros de las actividades desinvertidas. Parece muy loable que se limiten las trabas a la competencia pero sería mucho más loable que se tuviera en cuenta los resultados prácticos de tales fusiones. Si no, una vez más, los consumidores –ciudadanos pueden verse perjudicados en el nuevo mapa europeo que se está dibujando. Ejemplo de ello es la falta de armonización fiscal entre los Estados miembros que permite casos, cuando menos curiosos, en los servicios cercanos en las fronteras. La compra de tabacos por franceses en la frontera española o las más de 20 gasolineras que se aglutinan en la frontera de Luxemburgo, Francia y Alemania son sólo unos de los ejemplos más conocidos. Por no hablar de los llamados “paraísos fiscales” que como Luxemburgo o la propia Estonia conceden derechos cuya opacidad ha sido fuertemente cuestionada desde diversas instituciones de la Unión Europea.

No es de extrañar, por otra parte, que las recientes tensiones energéticas con Rusia hayan puesto en entredicho la política energética europea. Las declaraciones de Kallas a este respecto estaban en la línea de la Unión Europea que, últimamente se ha mostrado propicia a abrir el debate nuclear. Otra voz que se suma a abrir un debate que choca con diversas políticas nacionales que, como la española, han desestimado la apertura de nuevas centrales nucleares. Una vez más, la controversia está servida. Pero esta vez, esperemos que la retórica encierre mayores desafios y encontremos que la acción sea una consecuencia de la creación y no de la reacción.