Cabe decir que es este un esfuerzo loable teniendo en cuenta el extraño paisaje que desdibuja el mapa político de la constitución europea. Por una parte – y para sorpresa de no pocos- la Unión Europea de dos velocidades ha dejado su poco cadencioso ritmo y, bajo un cierto paraguas armónico en el crecimiento económico, se ha configurado por otra parte, una nueva y fuerte presidencia de turno europea: la de la canciller Ángela Merkel.
Con este contexto es fácil comprender porque muchos ven este momento como propicio para reabrir un debate y “exigir” a los países que no aprobaron el referéndum una alternativa, tal como señaló Alberto Navarro. Con esta estrategia, se pretende empezar una nueva etapa de acción frente a la reflexión anodina y negativa que se parecía mucho al euroescepticismo que manejaban algunos de los que hoy, afortunadamente, se consideran europeístas hasta la médula.
Llamativo es el acercamiento que las autoridades de la Unión Europea quieren realizar a los ciudadanos. Llamativo por lo tarde que se realiza. Lo vertiginoso del proceso europeo con la introducción del euro, un mercado único de 300 millones de ciudadanos, la presencia de soldados europeos en misiones de paz, la incorporación constante de estados miembros, han producido, que duda cabe, un desasosiego que se manifiesta en un sentido de “perdida” de la construcción europea. Y de la pertenencia a Europa. Y es ahora, cuando ya se ha consolidado la atmósfera del desasosiego cuando empiezan a levantarse voces para enderezar el desaguisado. Afortunadamente, nadie puede dudar de la vocación europeísta de la presidencia con el valor añadido que supone su dilatada experiencia histórica en lo que uniones políticas se refiere. Hay que agregar a ello, el decidido impulso de Angela Merkel constatado en sus recientes declaraciones indicando que el momento de la reflexión ya había llegado a su fin y que era el momento de la acción. Y también el momento de invertir las percepciones: las políticas europeas marchan bien y desde luego pueden funcionar mejor con las herramientas que se dotan a sí mismos los 27 miembros. Las recientes ampliaciones de Rumania y Bulgaria son una muestra de ello: no sólo amplían el mercado sino que crecen por encima de la media comunitaria. Y aunque es difícil mantener la unanimidad con 27 estados miembros si parece que en estos momentos es necesario que se eleve una voz única para que salga adelante la declaración de Berlín y se pueda salir del actual atolladero.
Hoy por hoy, 4/5 partes de la constitución europea ya están en aplicación con un 80-85% de las leyes que ya forman parte de un entramado político cuyo cuerpo está reconocido como la estructura legal que sienta jurisprudencia en el ámbito comunitario. Así surge una fecha-calendario: julio del 2008 para ratificar un texto en el 2009, tal y como son los deseos de Alemania. Y, al parecer, 2/3 de los estados miembros apoyan esta iniciativa. Los caminos para ello varían, y mucho. Los países que- como España- ya han aprobado el texto se verán obligados a consultar el nuevo texto y establecer nuevos mecanismos de refrendo. Otros deberán establecer una hoja de ruta y una conferencia intergubernamental que les permita actuar de manera coordinada y conjunta evitando los errores del pasado. Y desde luego, ha quedado patente que la postura liderada por el francés Sarkozy de establecer sólo reformas institucionales y no políticas parece inaceptable en la construcción de la Constitución europea.
