martes, febrero 13, 2007

El profesor Bernart Soria ha dado hoy, 13 de febrero, una excelente conferencia en el marco de la Nueva Economia Forum con el apoyo tanto de la Fundación Pfizer como de la Fundación ONCE en el Hotel Ritz de Madrid.

El Dr. Soria, como es bien conocido, es el Director del Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa; uno de los centros pioneros de investigación biomédica hoy en nuestro país. Cómo muchos de los científicos con una reconocida trayectoria internacional, el Dr. Soria no ha gozado siempre de los favores y reconocimientos de las “corporaciones del saber” locales que, lograron incluso, parar algunas de sus investigaciones obligándolo a un exilio forzoso, exilio del que, afortunadamente, ha sido llamado para dirigir uno de los Centros de Investigación que, de acuerdo con las previsiones establecidas, será un referente obligado en un futuro mediato en el campo de la terapia génica y la medicina regenerativa.

Como sugiere el Dr. Soria, estamos inmersos en un mar de constantes cambios. La industria farmacéutica, por poner un ejemplo, fue protagonista durante el año 2004 de 750 operaciones de fusión en Estados Unidos; en el 2006 se realizaron cerca de 1.000 operaciones valoradas en 1.000 millones de dólares y, durante el 2007, se han hecho operaciones que han superado ya los 1.200 millones y, como no, las que todavía estamos por ver. Las recientes declaraciones de Pzifer indicando cambios en su estructura global que afectarán a 10.000 trabajadores indican la profundidad de los mismos. La reciente anunciada fusión de la francesa Sanofi y la americana Bristol tiene como fin crear la mayor farmacéutica del mundo. Una alianza globalizante, mírese por donde se mire. ¿Pero que es lo que motiva estos cambios? Parafrasenado a Khun, un cambio de paradigma. Estamos pasando del laboratorio de investigación de moléculas que caracterizó al siglo XIX a la transformación en productos del siglo XXI como células embrionarias, transplantes, ADN, transferencias, etc. La medicina será, por tanto, regenerativa y ello implica un enorme cambio en el modelo de la industria. Pfizer, por ejemplo, cambiará su estructura global. No puede mantener – en el nuevo paradigma- el riesgo estratégico que supone que un solo medicamento signifique el 40% de sus beneficios con 12.000 millones en ventas y cuya patente expira en el 2011. Y mucho más, cuando es un protocolo que “viene” de procesos considerados poco acordes con los tiempos que corren. Pero como en todo proceso de cambio, existen factores que conviene contextualizar. En primer lugar, la industria farmacéutica ha visto como la entrada de “genéricos” en el mercado ha limitado sus beneficios. Además, la aplicación de nuevas políticas estatales con descuentos puede limitar hasta un 30% el conjunto de sus ventas. Por último, los recientes datos aportados por las “Big Pharma” estiman en 1.000 millones de dólares el coste de desarrollo de un nuevo producto. A estos elevados costes había que sumar una cierta obsolescencia que es la que lleva al reajustamiento tecnológico. Por ello, la carrera de fusiones es entendida como un mecanismo de defensa y de reajuste. El paso de la química a la genómica implica que muchas de las labores de investigación sean adquiridas a ”golpe de talonario”. Y estas, solo se pueden hacer desde una posición de dominio. Baste recordar el precio pagado por Merck – 1.000 millones de dólares- por el protocolo del desarrollo del RNA de interferencia a una pequeña compañía de investigación. Y es que en este proceso de cambios, mucha de la investigación básica necesaria es muy poco atractiva a los ojos de los inversores tradicionales farmacéuticos. Por eso es fácil constatar como la bioinvestigación está siendo desplazada hacia centros de investigación académicos como el que dirige el profesor Soria. En este nuevo paradigma la tradicional función de la industria también se ve alterada: la gestión de los protocolos de investigación para desarrollar lo que el paciente necesita. ¿Y de que población estamos hablando? Ahora la población está siendo agrupada por ciertas similitudes en su dotación genética. Y los investigadores están siendo conocidos como “drug hunter” es decir, como científicos que no tienen como objetivo exclusivo aumentar el conocimiento. Su objetivo es detectar “nichos de población” – o de mercado potencial- y hacer propuestas que pivoten en torno a tres aspectos esenciales. El uso de células madre, la utilización de técnicas genómicas y la implementación de medicina regenerativa.

El uso de células para curar enfermedades es ya hoy una realidad. Como explicó el Dr. Soria, actualmente se hacen transplantes de islotes pancreáticos que permiten combatir la diabetes. Sin embargo, la tasa de transplantes española – que es una de las más altas del mundo- no permite pensar que con el actual número de donantes se pueda aportar una solución al problema global. Y es este un desafío para la industria. Actualmente sólo una de cada mil personas puede optar a un transplante. Pero uno de los usos más relevantes con este tipo de protocolos es que se pueden también curar algunos de los efectos perniciosos de diversas enfermedades.

Pero el Dr. Soria fue mucho más allá en su conferencia: se aventuró en el difícil campo de las predicciones. Durante este año, 2007, se utilizarán células madre para las complicaciones de la diabetes y la regeneración de vasos sanguíneos para la prevención del pié diabético. Para el 2008 se podrán utilizar células madre para regenerar el páncreas de los diabéticos y se podrán utilizar células para evitar los problemas de rechazo. En el 2010, podremos conocer mucho más acerca de los factores que de las moléculas y para el 2012 tendremos células productoras de insulina para combatir la diabetes. En términos generales, será habitual el uso de células madre en hospitales y clínicas. Podremos conocer y realizar, en el 2008, la transferencia entre primates y también se avanzará de manera significativa en la identificación de las células madre que causan el cáncer. En un horizonte relativamente cercano serán conocidos los factores que inciden en la reprogramación del núcleo de las células madre y con ello aplicar protocolos de antienvejecimiento. Con todo este panorama de predicciones y acciones, no cabe duda que los cambios que veremos en breve plazo sobre nuestros cuerpos serán absolutamente revolucionarios. Tanto que, en algunos momentos de la conferencia, parecía que estábamos frente a un conferenciante de argumentos para guiones de ciencia ficción. Pero nada más lejos de la realidad. Hoy muchas de estas técnicas están disponibles y sus efectos, ahora limitados a ensayos de laboratorio, son los grandes objetivos de la industria farmacéutica. Y, desde luego, el mayor de los retos estará en las llamadas “unidades de producción celular”, polémicas éticas aparte.
Soria, por otra parte, destacó como muy positiva la acción del Gobierno Zapatero con la inversión, sin precedentes, de 2.000 millones de euros para el próximo quinquenio. De ellos, por lo menos una cuarta parte estarán destinados a la investigación en biomedicina. Aún así se necesita una participación de la industria – calculada en torno a un 30%- para lograr la sinergia necesaria y afrontar con ello este nuevo paradigma en posiciones estratégicamente sobresalientes. Esperemos que la industria sea capaz de evaluar sus riesgos en función de los cambios necesarios hacia el nuevo escenario y no de la posición dominante tan querida por los estrategas del antiguo paradigma. Ello logrará que palabras como genómica, proteinómica y farmacogenómica formen parte del equilibrio científico que delimita la frontera entre las normas de la ciencia y la protección de los ciudadanos.