El 8 de mayo, Patxi López, secretario general de los socialistas vascos, presentó en el marco del Foro de la Nueva Economía a Miquel Buen, Txarli Prieto y José Antonio Pastor, candidatos del Partido Socialista de Euskadi a las Diputaciones Forales de Guipúzcoa, Álava y Vizcaya, respectivamente.
Patxi López insistió en lo que podría ser interpretado como una posición “centrista” del Partido Socialista al recalcar de manera reiterada que los socialistas vascos están por las demandas sociales y no por las veleidades que implican las “ensoñaciones” nacionalistas. La campaña electoral, en el País Vasco, permanece incrustada en torno a temas etnicistas que manejan los Partidos, independiente de su espectro y color político. Y, diríamos, desafortunadamente, tanto para el conjunto de electores en Euskadi como en el resto el Estado que asisten cansinos a discursos más propios de centurias pasadas que del desconcertante siglo XXI. Por eso no es extraño que el histórico Partido Socialista de Euskadi haya tenido que hacer un giro político a su discurso social situándose en el centro “no nacionalista” del mapa político de Euskadi. Desconcertante es, como puede imaginarse, que el discurso nacionalista haya logrado empañar las contradicciones sociales y de riqueza tan evidentes en Euskadi haciendo “creer” de manera ideológica, por supuesto, que el crecimiento está asociado a las veleidades nacionalistas mientras que los fracasos políticos están intrínsecamente unidos a la acción estatal. Recuperar la iniciativa política es, en este contexto, una tarea especialmente ardua. Y más, si se tiene en cuenta que los objetivos políticos pasan por la igualdad y la cohesión social en base a la igualdad de oportunidades y a la búsqueda equitativa en la redistribución de las políticas sociales y no en la promoción de los aspectos identitarios que han permitido, bajo la actual gestión del PNV, la creación de grandes bolsas de población caracterizadas por la exclusión social, desigualdad, pobreza y que, para colmo, el acceso a las políticas sociales de protección van en función del lugar de residencia y no de la situación personal. Y como todos sabemos, dada la escasa extensión territorial de Euskadi, esta afrenta comparativa adquiere mayores connotaciones si ello es posible.
Txarli Prieto recalcó en sus propuestas que partía de un territorio, Álava, mal gobernado y que adolece tanto de falta de liderazgo como de muy escasa transparencia; lo que se traduce en una pérdida de potencia y sinergias en una Diputación que tiene un presupuesto que supera a alguna de las Comunidades Autónomas del Estado Español. Y este es, en el fondo, el quid de la cuestión. Dado el especial entramado que caracteriza a nuestras administraciones públicas, Euskadi tiene una Hacienda Foral con una gran capacidad de recaudación y con, por ahora, una peculiar politica de redistribución que, aunque ha mantenido el crecimiento económico, no ha permitido que todos los sectores de la sociedad se beneficien por igual e incluso que participen en él. La inseguridad jurídica que genera el último impuesto de sociedades es una buena muestra de ello. Prieto manifestó su intención de dotar con un 1% la ayuda de cooperación al desarrollo y crecer, al mismo tiempo, en el espacio europeo teniendo como lema la “eficacia, iniciativa y liderazgo” para gobernar compartiendo y colaborando con el gobierno en temas tales como la lucha contra ETA y no permitiendo los actuales experimentos del PNV. Por último, Prieto recalcó que en el actual territorio de Euskadi conviven cerca de 130 nacionalidades distintas y que, a pesar de ello, es importante crecer en los que podríamos llamar el “peso demográfico del país vasco” iniciando una etapa de información – que no de propaganda como sucede ahora- y una importante diversificación en la construcción de infraestructuras por un importe de 1500 millones de euros.
Buen, por su parte, recalcó como la Institución foral y su concierto económico son, en realidad, el fruto de una tradición según la cual, las Instituciones recaudan para las demás manteniendo en esencia el Pacto, que es su característica más importante. Con una recaudación cercana a 3876 millones de euros y un presupuesto de 830 millones, la construcción de la “Y griega” permitirá importantes ingresos en la recaudación del IVA que se genera en el tramo en el que la Hacienda Foral gestiona. Y valga este ejemplo para ilustrar la peculiaridad del entramado que afecta a la territorialidad en la gestión. Buen propone una Institución más solidaria que complemente, por ejemplo, las pensiones de viudedad que con una cuantía de 500 € no tienen igual capacidad adquisitiva en San Sebastián que en un pueblecito de Castilla – La Mancha, en palabras del conferenciante o de la misma Euskadi como insinúo alguno de los presentes. Quedó patente, en el ámbito de su discurso, la necesaria actuación sobre los intereses de los ciudadanos en su función de trabajadores que de “vascos” y con ello intentar cerrar las brechas que permiten la existencia de ciudadanos que reciben hasta un 250 % de ayudas menos, según el lugar donde residan en el País Vasco. Desigualdades que fueron uno de los ejes centrales de los discursos de los tres candidatos. Y, para Buen, es en Vizcaya donde se acumulan estas desigualdades. Para repartir los recursos de acuerdo a estas “realidades” es por lo que los socialistas se postulan como una alternativa al nacionalismo. Y a diferencia de estos, implicar en la gestión de los recursos la transparencia para evitar casos como el recientemente protagonizado por Jon Jáuregui, ex candidato del PNV. Las principales infraestructuras del programa de Buen son el puerto exterior de Pasajes y la continuación de la “Y griega” vasca.
Por su parte, Pastor, confirmó como los hechos han demostrado – en referencia al atentado de Barajas perpetrado por ETA en Barajas- la fragilidad de la tregua y la necesidad de dar un enfoque distinto en el escenario político. Enfoque en el que la violencia o “resolver el conflicto vasco” no actúe como un elemento previo de los nacionalistas. Y, al parecer, como un elemento estratégico de primer orden. Para Pastor lo que realmente importa a los ciudadanos – vascos o no- son temas como, por ejemplo, la vivienda, el trabajo, los accesos a servicios sociales y públicos de calidad. Para Pastor, asuntos como los que proclaman los nacionalistas vascos ya han tenido su “tiempo histórico” y han evidenciado su fracaso –como demostró en su momento la puesta en marcha del Plan Ibarretxe -. En un contexto marcado por un Partido Popular desperdigado y un PNV viviendo momentos históricos que no acompañan a los tiempos, a Euskadi le va bien sólo cuando el PSOE está cerca, en términos de poder político- bien sea en las instituciones estatales o del país vasco. Como sus predecesores, Pastor, apostó por el entendimiento, la cooperación y la puesta en marcha de las leyes estatales como la de la Dependencia. El objetivo último es, como no podía ser menos, eliminar las barreras de la desigualdad – quién lo diría- presentes la comunidad vasca y mediante el desarrollo económico construir una alternativa social al proceso nacionalista. En realidad, una estrategia de dificil alcance, habida cuenta de la extraña situación del País Vasco.
La política de consenso, cooperación y de solidaridad entre instituciones estuvo presente en los discursos de los tres candidatos lo que permitió comprender con mayor nitidez las propuestas en su conjunto y la matización de cada uno de los territorios. En contexto, el proceso político es visto como una voluntad transformadora- algo más que necesario, después de años de consignas repetidas en torno al proceso identitario de los vascos y las vascas- y, sobre todo, como una oportunidad de establecer redes sociales de servicios públicos que eleven el nivel de vida de aquellos ciudadanos que han sido oscurecidos en el cuadro pintado por los actuales gestores de la “vida pública”.
Las expectativas generadas por la presentación de los candidatos socialistas a las Diputaciones Generales de Euskadi fueron, tal vez, algo menos de lo esperado dadas las enormes sensibilidades que un acto de esta magnitud genera. Hubiera sido deseable y, desde luego, una muestra de apoyo y solidaridad dada la especial situación que están viviendo estos candidatos en el país vasco, la presencia masiva de cargos institucionales, ministros incluidos, como viene siendo habitual en esta campaña política. Y además, hubieran conocido de primera mano un discurso coherente, con contexto de futuro por parte de sus compañeros socialistas de Euskadi.
Patxi López insistió en lo que podría ser interpretado como una posición “centrista” del Partido Socialista al recalcar de manera reiterada que los socialistas vascos están por las demandas sociales y no por las veleidades que implican las “ensoñaciones” nacionalistas. La campaña electoral, en el País Vasco, permanece incrustada en torno a temas etnicistas que manejan los Partidos, independiente de su espectro y color político. Y, diríamos, desafortunadamente, tanto para el conjunto de electores en Euskadi como en el resto el Estado que asisten cansinos a discursos más propios de centurias pasadas que del desconcertante siglo XXI. Por eso no es extraño que el histórico Partido Socialista de Euskadi haya tenido que hacer un giro político a su discurso social situándose en el centro “no nacionalista” del mapa político de Euskadi. Desconcertante es, como puede imaginarse, que el discurso nacionalista haya logrado empañar las contradicciones sociales y de riqueza tan evidentes en Euskadi haciendo “creer” de manera ideológica, por supuesto, que el crecimiento está asociado a las veleidades nacionalistas mientras que los fracasos políticos están intrínsecamente unidos a la acción estatal. Recuperar la iniciativa política es, en este contexto, una tarea especialmente ardua. Y más, si se tiene en cuenta que los objetivos políticos pasan por la igualdad y la cohesión social en base a la igualdad de oportunidades y a la búsqueda equitativa en la redistribución de las políticas sociales y no en la promoción de los aspectos identitarios que han permitido, bajo la actual gestión del PNV, la creación de grandes bolsas de población caracterizadas por la exclusión social, desigualdad, pobreza y que, para colmo, el acceso a las políticas sociales de protección van en función del lugar de residencia y no de la situación personal. Y como todos sabemos, dada la escasa extensión territorial de Euskadi, esta afrenta comparativa adquiere mayores connotaciones si ello es posible.
Txarli Prieto recalcó en sus propuestas que partía de un territorio, Álava, mal gobernado y que adolece tanto de falta de liderazgo como de muy escasa transparencia; lo que se traduce en una pérdida de potencia y sinergias en una Diputación que tiene un presupuesto que supera a alguna de las Comunidades Autónomas del Estado Español. Y este es, en el fondo, el quid de la cuestión. Dado el especial entramado que caracteriza a nuestras administraciones públicas, Euskadi tiene una Hacienda Foral con una gran capacidad de recaudación y con, por ahora, una peculiar politica de redistribución que, aunque ha mantenido el crecimiento económico, no ha permitido que todos los sectores de la sociedad se beneficien por igual e incluso que participen en él. La inseguridad jurídica que genera el último impuesto de sociedades es una buena muestra de ello. Prieto manifestó su intención de dotar con un 1% la ayuda de cooperación al desarrollo y crecer, al mismo tiempo, en el espacio europeo teniendo como lema la “eficacia, iniciativa y liderazgo” para gobernar compartiendo y colaborando con el gobierno en temas tales como la lucha contra ETA y no permitiendo los actuales experimentos del PNV. Por último, Prieto recalcó que en el actual territorio de Euskadi conviven cerca de 130 nacionalidades distintas y que, a pesar de ello, es importante crecer en los que podríamos llamar el “peso demográfico del país vasco” iniciando una etapa de información – que no de propaganda como sucede ahora- y una importante diversificación en la construcción de infraestructuras por un importe de 1500 millones de euros.
Buen, por su parte, recalcó como la Institución foral y su concierto económico son, en realidad, el fruto de una tradición según la cual, las Instituciones recaudan para las demás manteniendo en esencia el Pacto, que es su característica más importante. Con una recaudación cercana a 3876 millones de euros y un presupuesto de 830 millones, la construcción de la “Y griega” permitirá importantes ingresos en la recaudación del IVA que se genera en el tramo en el que la Hacienda Foral gestiona. Y valga este ejemplo para ilustrar la peculiaridad del entramado que afecta a la territorialidad en la gestión. Buen propone una Institución más solidaria que complemente, por ejemplo, las pensiones de viudedad que con una cuantía de 500 € no tienen igual capacidad adquisitiva en San Sebastián que en un pueblecito de Castilla – La Mancha, en palabras del conferenciante o de la misma Euskadi como insinúo alguno de los presentes. Quedó patente, en el ámbito de su discurso, la necesaria actuación sobre los intereses de los ciudadanos en su función de trabajadores que de “vascos” y con ello intentar cerrar las brechas que permiten la existencia de ciudadanos que reciben hasta un 250 % de ayudas menos, según el lugar donde residan en el País Vasco. Desigualdades que fueron uno de los ejes centrales de los discursos de los tres candidatos. Y, para Buen, es en Vizcaya donde se acumulan estas desigualdades. Para repartir los recursos de acuerdo a estas “realidades” es por lo que los socialistas se postulan como una alternativa al nacionalismo. Y a diferencia de estos, implicar en la gestión de los recursos la transparencia para evitar casos como el recientemente protagonizado por Jon Jáuregui, ex candidato del PNV. Las principales infraestructuras del programa de Buen son el puerto exterior de Pasajes y la continuación de la “Y griega” vasca.
Por su parte, Pastor, confirmó como los hechos han demostrado – en referencia al atentado de Barajas perpetrado por ETA en Barajas- la fragilidad de la tregua y la necesidad de dar un enfoque distinto en el escenario político. Enfoque en el que la violencia o “resolver el conflicto vasco” no actúe como un elemento previo de los nacionalistas. Y, al parecer, como un elemento estratégico de primer orden. Para Pastor lo que realmente importa a los ciudadanos – vascos o no- son temas como, por ejemplo, la vivienda, el trabajo, los accesos a servicios sociales y públicos de calidad. Para Pastor, asuntos como los que proclaman los nacionalistas vascos ya han tenido su “tiempo histórico” y han evidenciado su fracaso –como demostró en su momento la puesta en marcha del Plan Ibarretxe -. En un contexto marcado por un Partido Popular desperdigado y un PNV viviendo momentos históricos que no acompañan a los tiempos, a Euskadi le va bien sólo cuando el PSOE está cerca, en términos de poder político- bien sea en las instituciones estatales o del país vasco. Como sus predecesores, Pastor, apostó por el entendimiento, la cooperación y la puesta en marcha de las leyes estatales como la de la Dependencia. El objetivo último es, como no podía ser menos, eliminar las barreras de la desigualdad – quién lo diría- presentes la comunidad vasca y mediante el desarrollo económico construir una alternativa social al proceso nacionalista. En realidad, una estrategia de dificil alcance, habida cuenta de la extraña situación del País Vasco.
La política de consenso, cooperación y de solidaridad entre instituciones estuvo presente en los discursos de los tres candidatos lo que permitió comprender con mayor nitidez las propuestas en su conjunto y la matización de cada uno de los territorios. En contexto, el proceso político es visto como una voluntad transformadora- algo más que necesario, después de años de consignas repetidas en torno al proceso identitario de los vascos y las vascas- y, sobre todo, como una oportunidad de establecer redes sociales de servicios públicos que eleven el nivel de vida de aquellos ciudadanos que han sido oscurecidos en el cuadro pintado por los actuales gestores de la “vida pública”.
Las expectativas generadas por la presentación de los candidatos socialistas a las Diputaciones Generales de Euskadi fueron, tal vez, algo menos de lo esperado dadas las enormes sensibilidades que un acto de esta magnitud genera. Hubiera sido deseable y, desde luego, una muestra de apoyo y solidaridad dada la especial situación que están viviendo estos candidatos en el país vasco, la presencia masiva de cargos institucionales, ministros incluidos, como viene siendo habitual en esta campaña política. Y además, hubieran conocido de primera mano un discurso coherente, con contexto de futuro por parte de sus compañeros socialistas de Euskadi.

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